EXPOSICIONES · CENTRO DE ARTE JAIME TRIGO
 
 

 

JAIME TRIGO

 

JAIME TRIGO: ENTRE LOS LIMITES DE LO DIFUSO

Los trabajos que Jaime Trigo presenta ante el público son el reflejo de una necesidad interior, de una búsqueda entre sus vivencias existenciales, de un deseo de mostrarnos esos espacios intuidos entre la realidad vivida y el mundo onírico que discurre en el fondo de la obra, en una cadencia cromática armonizada y feliz, en la que se funden escalas de color sintetizado en grises, ocres y azules que se dejan abrazar por la luminosidad del blanco que actúa como detonante y cómplice de la composición.
Hay en estas obras de Jaime Trigo un sentido de lo amplio, sea espacio marítimo, lugar campestre o desierto, un límite difuso, con algunos referentes que surgen entre los espejos del horizonte en forma de habitáculo, o ciudad emergente, insinuado por las atmósferas que el artista obtiene en ese juego preciso de color, degradación y veladuras. Las composiciones se estructuran sólidamente sobre el juego de los planos de color y el exacto fundido que rompe y delimita los campos pictóricos con precisión.
Al artista se le ha pegado, de tanto tocarlo, el arte al alma y patentiza ese estado en un trabajo con apariencia humilde, como si entrara de puntillas, en ese mundo que él tanto ama y respeta. Creo que la actitud enaltece su trabajo y que el tiempo hará el resto.
Fernando Elorrieta Rey
LOS "HORIZONTES" PLÁSTICOS DE JAIME TRIGO
Conocí a Jaime Trigo cuando, hace apenas seis años, llegué de Madrid a la ciudad del Lérez para practicar en ella el osado oficio del periodismo. Debo confesar que, por entonces, la primera impresión que me produjo su figura fue la de encontrarme ante un apuesto patricio romano. Sí, un personaje que, como portador de cualidades y cierto aire de nobleza, suele sobresalir a simple vista del común de sus conciudadanos.
Luego supe que era hijo de un self-made man de prestigio, emigrado a Portugal, y una madre perteneciente a la más culta burguesía pontevedresa, y que había nacido en Lisboa en 1939. En todo caso, siempre estuve convencido de que Jaime Trigo es un ser diferente que bien podría haber salido de una Sonata de Otoño de Valle-Inclán; un mar­qués que, a diferencia de Bradomín, se nos muestra seductor, católico y sentimental.
En efecto, Jaime Trigo podría ser más cosas a poco que escudriñáramos en su atrac­tiva personalidad. Incluso un personaje literario, me atrevería a decir, aunque no todos los que le conocen piensen lo mismo. Pero lo que no puede negarse es que es un amante de la belleza, un creador, un empresario que animó, como un Teucro moderno, desde el mismo epicentro de Pontevedra, la existencia del mayor templo del arte privado en Galicia. Jaime Trigo es así: una mezcla de artista helénico y comerciante fenicio. De ahí surgen sus más auténticas raíces. Lo demás son ramas florecidas: fotógrafo, viajero, conservador, anticuario...
Todavía recuerdo el día que me enseñó un reportaje fotográfico sobre un viaje a La India. Me impresionó, sinceramente. Detrás de aquellas imágenes observé que en ellas se escondía un hombre que sabía mirar el alma de ¡as cosas. Pues La India a través de su objetivo no era la misma que podemos encontrar en un catálogo turístico al uso. La suya era una India trascendida, intrahistórica y profunda.
Pero además de fotógrafo, Jaime Trigo es un escultor imaginativo y un pintor a prueba de abstracción. Nos lo dicen sus cuadros, sus pinturas alumbradas en lejanos e imprecisos horizontes. Yes que es la suya una vuelta del artista hacia el paisaje recreado; la aproximación del hombre hacia la naturaleza como motivo vulnerable; una reflexión, en suma, sobre la forma, el color y la materia del universo.
Yo diría que Jaime Trigo ha sabido acercarnos a los mágicos horizontes de un mundo originario, el "paraiso perdido" —que no olvidado— de los sueños que todos alguna vez hemos vivido. He aquí la naturaleza como proyecto pictórico abarcable, como introspección y deseo, como fuente de inspiración y clave para el ensueño.
Observando estos cuadros, el espectador siente penetrar en un mundo con el que alguna vez, posiblemente sin poder precisarlo, ya estuvo en contacto. Pues hay en ellos mundos misteriosamente difuminados, cuya razón de ser son una simple sugerencia o la intuición de un sueño..
Los paisajes de Jaime Trigo parten, pues, de una ensoñación íntima (recuérdese que para Kandinsky el arte surge de una necesidad interior); una ensoñación que se basa en una contemplación física de la misma naturaleza. Ahora bien, los horizontes del pintor tienden a subordinar la descripción de los elementos naturales del paisaje en una composición onírica y unitaria. Y en este sentido son reflejo de un estado de espíritu afín a una visión de la naturaleza que se corresponde con la sensualidad de su pintura.
Liberado de modas, escuelas y etiquetas, a Jaime Trigo sólo parece moverlo la imaginación, la sensibilidad y el buen gusto. ¿Hacia dónde? No es fácil precisarlo porque, en todo caso, primero hay que descubrir sus HORIZONTES.
Paco López - Barxas


 


ISADORA ART DECÓ

Alfredo Vicenti, 26 Bajo
15004 A Coruña

Telf. 981 92 82 53
Fax 881 91 74 22
E-Mail Isadora

 


Decálogo para el Inversionista